Cuento 9
A Synto se le daba todo
bien. Demasiado bien.
No hacía falta más que un instante para que su cabeza comprendiese todas las normas, movimientos, trucos y trampas necesarias para ser perfecto.
No hacía falta más que un instante para que su cabeza comprendiese todas las normas, movimientos, trucos y trampas necesarias para ser perfecto.
Era imbatible al billar, a los
dardos, al golf, al futbolín, a los bolos, tocando el clarinete, el piano, el
chelo, experto con el arpa, bailando, haciendo acrobacias, con los trucos de
manos... Solo se le escapaban dos tipos de juegos: Los que hacía falta tener un
buen cuerpo (fútbol. baloncesto, ciclismo...) en los que, aun así, era
increíblemente bueno en comparación con su condición física. Y los que
dependían de una infinidad de situaciones distintas, como el ajedrez o algunos
juegos complejos de cartas. Y aun así, también mejoraba muy muy rápido.
-No puede existir nadie así-le
dijeron un día-Aun no he visto una sola cosa que se te dé mal.
-Porque no la hay-dijo con un
tono indiferente.
-Claro que tiene que haberla-de
repente abrió los ojos-¡Ya sé! Las chicas. Seguro que te cuesta ligar, ¿no?
Synto lo meditó un momento-La
verdad es que no. Es uno de los juegos más fáciles-dijo sonriente-No tiene
muchas reglas.
Pero lo cierto es que sí había
una cosa que a Synto se le daba fatal; Y era hacer amigos. La mayoría de la
gente le odiaba por mera envidia. Y el resto, le odiaba por su falta de
respeto.
Como podéis imaginar, a Synto eso le preocupaba más bien poco. Principalmente, porque no se puede añorar algo que nunca se ha tenido.
Como podéis imaginar, a Synto eso le preocupaba más bien poco. Principalmente, porque no se puede añorar algo que nunca se ha tenido.
Un día, mientras
paseaba con calma por la calle, surgió un agujero negro bajo sus pies, le
engulló a una velocidad extremadamente rápida, y desapareció. La calle se quedó
desierta.
Synto, en otra dimensión espacio
temporal, estaba cayendo. Hasta que dejó de caer. Todo lo que se podía apreciar
era un inmenso y oscuro vacío. No había nada más. Ni nada menos.
Cualquier otra persona, en su
situación, habría gritado. Habría chillado de miedo, corrido en busca de una
salida y rezado a Dios para que todo volviese a la normalidad.
Pero Synto no movió un músculo.
Pero Synto no movió un músculo.
Un chip en su cabeza cambió de posición.
Por arte de magia, comprendió que el universo estaba lleno de agujeros de
gusano, y sin embargo nunca nadie había visto uno. Y mucho menos, lo había
atravesado.
La estadística podía ser muy mentirosa, pero aquel comportamiento sólo tenía una solución.
La estadística podía ser muy mentirosa, pero aquel comportamiento sólo tenía una solución.
-Los agujeros de gusano no son
una realidad natural ¿verdad? Alguien los crea y los dirige. Son...
"Máquinas artificiales"
dijo una voz, proveniente del infinito.
Synto asintió.
-¿Por qué me has traído aquí?
"¿Acaso no es
evidente?" Synto notó un cierto tono de burla. Pero le pareció algo
improbable. Aquella voz era lo más monótona e inexpresiva posible.
"Quiero llevarte
al mundo al que deberías pertenecer. La Tierra no debería permitir la
existencia de seres como tú".
-¿Otro mundo?-preguntó intrigado-Explícate.
"¿Tan difícil es? Te invito
entrar a un mundo en el que no serás rechazado por la sociedad. Un mundo donde
la línea entre la realidad y la irrealidad es tan fina, que solo gente muy
especial es capaz de vivir en él. Te ofrezco huir de la soledad y el rencor;
conocer la amistad, el amor… la felicidad”.
Synto estaba asombrado,
pero una parte de él no le dejaba saltar directo a un abismo tan perfecto.
-¿Qué es lo que pierdo?
“Eso también lo sabes.
Pierdes ser especial. Pierdes el derecho a guiar a la humanidad por un camino
que sólo tú puedes ver. Dejarás de ser el pastor, para ser la oveja”.
Synto se quedó callado
durante un buen rato. Al final habló.
-Creo que la solución
está muy clara.
Y un agujero negro
apareció bajo sus pies. Un segundo más tarde, todo había desaparecido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentad cuanto querais, ¡Para algo existe la libertad de expesión!