Cuento 12
Los Ricófilos son un
tipo de personas de lo más llamativas. Solo pueden vivir rodeados de cosas
caras; Ropa de marca, muebles alemanes, filetes de dodo, colchones de plumas, un
par de Ferraris, y, para tener una vida plena, una pequeña isla en mitad del
Mediterráneo.
Muchos estaréis
pensando "Joder, pues yo también debo de ser ricófilo, porque todo eso me
encanta". La diferencia fundamental, es que un ricófilo de verdad, no
puede vivir de otra manera. Si se pone un reloj que no sea de marca, al reloj
se le para la pila, o se le rompe la correa, o incluso se le parte una
manecilla.
En realidad, el nombre
más correcto para definirlos sería Cutrófobos. Sin embargo, es una palabra tan
poco elegante que existiría el riesgo de que se extinguiesen.
La ricofilia es una
cualidad hereditaria, predominante en las familias ricas.
De hecho, esta habilidad lleva danzando por la Tierra ya muchos años, pues nació junto a los primeros monarcas; Gente tan rica y poderosa que odiaba con toda su alma sentirse a la altura del pueblo. Llevaban trajes cosidos por los mejores sastres del reino, construían castillos diseñados por los mejores arquitectos del mundo, y conquistaban las islas más exóticas que controlara el imperio más importante de la época.
De hecho, esta habilidad lleva danzando por la Tierra ya muchos años, pues nació junto a los primeros monarcas; Gente tan rica y poderosa que odiaba con toda su alma sentirse a la altura del pueblo. Llevaban trajes cosidos por los mejores sastres del reino, construían castillos diseñados por los mejores arquitectos del mundo, y conquistaban las islas más exóticas que controlara el imperio más importante de la época.
Sin embargo, a veces
la ricofilia surge en familias no tan ricas, pero sí llenas de ambición. Y
claro, es un gran problema, porque suelen confundirse con vagabundos
callejeros.
Muchos científicos
llevan ya un tiempo dándole vueltas al asunto. Si encontrasen el gen que
convierte a las personas en ricófilas, podrían revolucionar el mundo. Por
ejemplo, el famoso caso de Arquímedes. El pobre hombre, tuvo que llenar dos
bañeras enteras de agua tan solo para ver si una corona era de oro de verdad.
Sin embargo, bajo genes ricófilos, la solución sería tan fácil como ver si la
corona se rompe o no.
¡Y esto solo es el
principio! ¿Cuánta gente se siente estafada cuando compra diamantes? ¿No sería
todo mucho más sencillo sabiendo que
el diamante es de buena calidad, y no un simple pedazo de grafito pintado de
azul?
¿Y los economistas? Si
pudiesen ver la variación de la valoración de los productos a tiempo real según
la cara de asco que ponga un espécimen de ricófilo…
Sí, sin lugar a dudas,
la ricología es el futuro… Bueno, mejor
dicho, era. Era el futuro. Desde que
llegó la crisis, los ricófilos ya no son lo que eran.
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